El legado de Claude Monet va más allá de sus icónicas pinturas impresionistas. En el pueblo francés de Giverny, los exuberantes jardines que el artista cultivó durante más de 40 años son igualmente deslumbrantes y continúan atrayendo visitantes de todo el mundo.


Aún hoy, el jardín sigue floreciendo con jacintos y tulipanes, rododendros y nenúfares, cosmos y girasoles, una explosión de color que inspiró muchas de las obras más emblemáticas de Monet.

"Monet diseñó su jardín como si fuera una paleta de colores perfectamente equilibrada", señala el autor Adrien Goetz en su libro Un día con Claude Monet en Giverny, que ofrece una mirada detallada a la propiedad del pintor.

Con la mirada puesta en los reflejos, Monet plantó Tusilago (Petasites Fragans) gigantes, Lirios cerca de las orillas, y sauces llorones que sobresalían del agua.


Monet jugaba con las estaciones, así, a medida que el ciclo del año cambiaba, las flores se renovaban y transformaban con maestría.

las plantas más importantes fueron, con diferencia, los nenúfares, que gradualmente se convirtieron en el centro de la vida de Monet.


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